dissabte, 21 de gener de 2012

Sobre la verdad de la ermita y de la psicología (II)


En esta segunda entrega, intentaré aclarar cuál es el ámbito de estudio de la psicología, como ciencia, y para qué sirve. Con ello pretendo conseguir dos objetivos. El primero tendría que ver con el hecho de limpiar la imágen de la ciencia psicológica que, bajo mi criterio, se ha visto manchada por los últimos acontecimientos en la ermita. Y, en segundo lugar, me gustaría que, al acabar de leer este artículo, se tenga claro qué es y qué no es psicología.

A pesar de que el uso de la palabra psicología se remonta a poetas y literatos del siglo XV, la psicología adquiere la categoría de ciencia a finales del siglo XIX de la mano de un filósofo y fisiólogo alemán llamado Wilhelm Wundt, gracias a la creacion del primer laboratorio de psicología experimental. A partir de ese momento, se acuerda universalmente que la psicología es una ciencia que se encarga del estudio de la conducta humana y de los procesos mentales que la sustentan (la memoria, la percepción, la atención, el aprendizaje, etc). También se añade la dimensión afectiva o emocional como parte del estudio de la psicología. Sin embargo, y aquí viene lo que nos interesa, se considera materia de controversia incluir al estudio de la psicología dimensiones como son la moral, lo espiritual, o bien las creencias y prácticas religiosas que conforman la experiencia humana y que, bajo ningún concepto se pueden considerar científicas.

Por tanto, queda claro que la experiencia transpersonal no forma parte del objeto de estudio de la ciencia de la psicología.
Pertenece pues a otras áreas de estudio como la meditación, la contemplación o incluso la religión que poco tendrían que ver con la psicología.

Las modas son las que marcan las tendencias, y en ciencia también podemos hablar de modas. De unos años para aquí, podemos encontrar escuelas denominadas de desarrollo transpersonal que ofrecen a sus usuarios formaciones en educación y en terapia transpersonal, presencial o a distancia. También ofrecen actividades como viajes iniciáticos a la felicidad o aprender la técnica de la meditación. Hasta aquí nada que objetar puesto que estos centros no se sirven del término psicología para ofrecer sus servicios. No son terapias ni formaciones psicológicas. La meditación o la contemplación son técnicas de relajación y de desarrollo personal que tienen su origen en el budismo y que han adquirido un uso popular en Europa y la civilización occidental. Son respetadas y veneradas desde hace muchos siglos por la cultura asiática y pretenden enriquecer el espíritu de quien las practica llegando a un estado mental de plenitud. No hay que desprestigiar los beneficios de la meditación bien utilizada y practicada por verdaderos profesionales puesto que puede ayudar a mejorar la concentración, la memoria o incluso el sistema inmunitario.

Ahora bien, lo que no me parece legítimo ni adecuado es que, aprovechando el desánimo generalizado fruto de la crisis, todo valga. Es decir que se utilice el término psicología para vender cualquier producto. Igual que la parapsicología no tiene nada que ver con la psicología a pesar de llevar implícito su nombre, las experiencias transpersonales no tienen nada que ver con la psicología científica, por eso no me parece correcto que se utilice la denominación de psicología transpersonal a la práctica de buscar estados de conciencia espirituales o trascendentales. Si acaso, experiencias transpersonales, pero no psicología transpersonal.

Están proliferando centros de terapia psicológica de dudoso valor científico en los que se promete el encuentro de la felicidad utilizando términos como experiencias cumbres, místicas, trances, luz, espiritualidad y otros términos que inducen al acercamiento a aquellas personas que están pasando una situación personal o emocional difícil,
en busca de una solución. En psicología existen terapias y tratamientos de ayuda para aquellas personas que lo necesitan y que son las que tienen un prestigio y una garantía universalmente reconocidos: terapias de modificación de conducta (poco utilizadas actualmente), terapias cognitivas, terapias sistémicas o incluso la terapia psicoanalítica. Aunque esta última también ha sido tachada de utilizar una metodología poco científica.

Así pues, aunque a la experiencia con apellido transpersonal alguien se haya atrevido a ponerle el nombre de psicología, yo me abstengo de hacerlo. Como toda práctica sin rigor ni fundamento científico está condenada al fracaso y a la desaparición. El rigor científico y experimental que caracteriza a la ciencia de la psicología es la garantía de su continuidad y de su consolidación.

1 comentari:

  1. Hay que decir también que la psicología transpersonal fué inventada por Stanislav Grof como método de investigación de la memoria pre- y perinatal (momento anterior y posterior al nacimiento de un individuo) a través del uso del estupefaciente LSD (droga de alto poder de alteración de la conciencia humana) creando "viajes" a través de la memoria.

    El LSD fué catalogado substancia de alto riesgo para la salud humana, ya que el consumidor no podía tener control sobre su conciencia y podía acabar atrapado en un bucle fantasíaco de la memoria.

    Posteriormente se demostró que cualquier consumición de productos de alteración mental generaban alteraciones en la memoria retiniana, por esa misma razón se proclamó el LSD y cualquier otra substancia alteradora, como producto prohibo al consumo y al mismo uso para la investigación del recuerdo.

    Así pues, aplicado a la ermita de Segur, el consumo de tabaco, marijuana o cualquier substancia "fumable" está considerado por la misma psicología transpersonal como no representativo de la misma disciplina.

    Ya puede decir misa la Sra. Elvira o el Sr. JJ incluso la "instructora" del curso que allí havian religión, oraciones o investigación psicológica.. que en realidad lo que estaban haciendo era una farsa y con el pack venía una fumada de Marihuana.

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